Juan Manuel Alba Profesor del Grado en Derecho
Vie, 14/02/2025 - 10:09

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Serie: 'Haciendo Historia' (CXIII)

El nexo entre el historiador y el activismo es un tema de análisis dentro de la comunidad académica, con el objetivo de buscar un consenso equilibrado. Una corriente de pensamiento sostiene que el historiador debe mantener siempre una posición objetiva, ecuánime y neutral, con el único límite de ceñirse a la exactitud de los hechos ocurridos (Permanyer, 2020). Por el contrario, cada vez aparecen más partidarios que sostienen que, en momentos de injusticia y crisis manifiesta, el historiador tiene la responsabilidad, como obligación moral, de señalar las tropelías y excesos para convertirse en un catalizador del cambio social. Un ejemplo evidente de ello lo encontramos en las obras Howard Zinn y Eric Hobsbawm.

Esta divergencia entre el estudio y la militancia, o entre el análisis y el activismo, ha cobrado mayor ímpetu en las últimas décadas, especialmente en Sudamérica, donde algunos historiadores han asumido un rol de intérpretes de los acaecimientos sociales y de tutela de los derechos de las comunidades indígenas (Hale, 2020.).

Dichas tesis ideológicas no siempre han contado con una acogida positiva por parte del colectivo académico de historiadores, pues se considera que la rigurosidad y la exactitud del trabajo historiográfico pueden afectarse negativamente, e incluso verse comprometidas, cuando un investigador se involucra directamente en los hechos con tintes políticos marcados (Ranke,1887; Elton, 2002). No es tarea fácil posicionarse en estos pensamientos e identificar la corriente acertada, pues, como señala Hobsbawm, "el problema para los historiadores profesionales es que su materia tiene importantes funciones sociales y políticas" (Motadel, 2023). De tal forma que la función del historiador no se reduce a un mero análisis del pasado, sino que va más allá, pues debe asumir un compromiso con la indagación de la veracidad de los hechos.

Los riesgos del compromiso ideológico

Si sostenemos la idea de que el activismo debe formar parte del estudio de la historia y que los historiadores deben introducir sus ideales en la narración de los sucesos, es indudable que la historia se convertirá en una herramienta de lucha o en una voz de protesta. Entonces, ¿qué garantía existe de que los hechos no se distorsionen?

Si partimos de este supuesto, corremos el peligro de que el trabajo académico sea cooptado por actores políticos o grupos de poder. De ahí que sea esencial que el historiador mantenga el equilibrio entre la rigurosidad académica y la responsabilidad social. Esto implica que siempre debe cuestionar la aparente neutralidad del objeto de análisis histórico, pero sin incurrir en un activismo político que comprometa la veracidad de los hechos (Jenkins, 2003). Para materializar los propósitos establecidos, se propone institucionalizar una mayor diversidad metodológica y epistémica, que permita llegar a las comunidades y a los sujetos que han sido tradicionalmente excluidos de los libros de historia.

Neutralidad y responsabilidad

Todo historiador debe cuestionar, pero nunca manipular la verdad. Debe ser un investigador crítico con los hechos, pero sin incurrir en un sesgo que desvirtúe la verdad. No podemos alcanzar una neutralidad absoluta, pero esta debe ser la principal aspiración de cualquier historiador. Como sostiene Tucídides, "la verdad histórica es difícil de alcanzar, porque los hechos del pasado son interpretables de diversas maneras" (Topolski, 1976). En efecto, los historiadores deben ser conscientes de los principales límites del conocimiento y ser receptivos a nuevas fuentes de información y renovadas perspectivas.

Desde la deontología se exige que los análisis aportados estén sustentados en evidencia y no en simples posturas ideológicas u orientaciones políticas (Clifford, 1999). Por esta razón, la denuncia de las injusticias debe realizarse a través de la publicación y difusión de la investigación, pero la protesta no debe incluir injerencias personales o aportes impuestos por el financiador del proyecto (Topolski, 1976). Además, es necesario actuar con mayor cautela, evitando la más mínima afinidad política cuando la publicación histórica está dirigida a menores de edad (Postman, 2005; García & Pérez, 2020).

En conclusión, el historiador debe equilibrar su papel como testigo y como juez, priorizando su función como testigo sin renunciar a su misión de recrear el pasado con precisión y fidelidad, dejando abierta la posibilidad de que el lector formule su propio juicio (Motadel, 2023; He, 2021; Topolski, 1976).

Referencias

Clifford, W. K. (1999). The ethics of belief and other essays. Prometheus Books.

El País. (2020, 24 de febrero). La historia también es un campo de batalla político. El País.

Elton, G. R. (2002). The practice of history (2nd ed.). Blackwell Publishers.

García, M. A., & Pérez, L. J. (2020). Análisis de la relación entre el historiador y el activismo en América Latina. Revista de Estudios Históricos, 35(2), 123-145. 

Hale, C. R. (2020). Using and refusing the law: Indigenous struggles and legal strategies after neoliberal multiculturalism. American Anthropologist.

He, E. (2021). Resolution of Objective Conflicts of History Education. In Advances in Social Science, Education and Humanities Research/Advances in social science, education and humanities research.

Jenkins, K. (2003). Rethinking history (2nd ed.). Routledge. 

Motadel, D. (2023). The political role of the historian. Cambridge University PressTopolski,

Topolski, J. (1976). Methodology of History. Springer.

Permanyer, M. S. (2020). Prácticas artísticas dialógicas frente a procesos de renovación urbana: Londres, Ámsterdam y Barcelona (1981-2010). In Arte individuo y sociedad (Vol. 32, Issue 3, p. 679). Complutense University of Madrid. 

 Postman, N. (2005). Amusing ourselves to death: Public discourse in the age of show business. Penguin Books.

Ranke, L. von. (1887). History of the Latin and Teutonic nations (1494 to 1514) (P. A. Ashworth, Trad.). G. Bell & Sons. 

Zinn, H. (2015). A people's history of the United States. Harper Perennial Modern Classics.

Editor: Universidad Isabel I

Burgos, España

ISSN: 2659-398X

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