
Sheila López, defensora universitaria de la Universidad Isabel I, reflexiona sobre su actividad como mediadora entre profesores y alumnos.
5 de marzo de 2025. En las últimas décadas, las universidades han experimentado una profunda transformación en la relación entre docentes y estudiantes. La digitalización, la democratización del conocimiento y las nuevas metodologías pedagógicas han impulsado un modelo más horizontal en el que el profesor deja de ser una autoridad incuestionable para convertirse en un facilitador del aprendizaje. Sin embargo, este cambio también ha generado tensiones que en muchas ocasiones derivan en conflictos dentro de las instituciones.
Históricamente, la relación entre alumnado y profesorado ha sido un reflejo de las jerarquías sociales. Mientras que en la antigua Grecia existía una dinámica de respeto mutuo entre maestro y pupilo, en la Edad Media la figura del docente adquiría un carácter dominante, dejando a los alumnos en un rol pasivo. En la actualidad, la irrupción de las plataformas digitales ha modificado esta relación, fomentando la autonomía estudiantil y una interacción más equitativa.
No obstante, esta horizontalidad no está exenta de nuevas interpretaciones sobre el papel de cada uno. "La relación profesor-alumno se ha vuelto más difusa debido a la eliminación de jerarquías, lo que en ocasiones genera malentendidos y conflictos", señala Sheila López Pérez, defensora universitaria de la Universidad Isabel I y directora del Grado en Filosofía, Política y Economía. Así lo destaca en el artículo ‘Los conflictos entre alumnado y profesorado’ publicado en Espacios de Educación Superior.
Uno de los principales puntos de fricción se produce en la calificación de los trabajos. La percepción de subjetividad en las evaluaciones ha llevado a un aumento en las reclamaciones por parte del alumnado, quienes cuestionan los criterios utilizados para determinar sus notas. Al mismo tiempo, los docentes deben lidiar con la difícil tarea de mantener la objetividad sin perder la cercanía con los estudiantes.
El papel de las defensorías universitarias
En este contexto, las defensorías universitarias han adquirido un rol clave como mediadoras en los conflictos entre estudiantes y profesores. La falta de límites claros en la comunicación y las expectativas divergentes sobre la responsabilidad de cada parte han incrementado la demanda de estos organismos.
Otro aspecto que genera tensiones es la disponibilidad del profesorado en entornos digitales. La inmediatez que permiten las plataformas ha llevado a que los estudiantes esperen respuestas rápidas a sus dudas, lo que a veces choca con la carga laboral de los docentes. "La digitalización ha creado una sensación de acceso ilimitado, lo que en ocasiones pone en jaque la conciliación laboral y personal de los profesores", explica López Pérez.
Eliminación de jerarquías y lenguaje más coloquial
A juicio de la defensora universitaria de la Universidad Isabel I, la eliminación de jerarquías también ha impactado en la comunicación, generando un lenguaje más coloquial que, si bien puede facilitar el aprendizaje, también puede derivar en faltas de respeto. La horizontalidad en la enseñanza requiere, por tanto, un equilibrio que garantice el diálogo y el respeto mutuo sin perder la calidad académica ni la autoridad pedagógica necesaria para guiar a los estudiantes en su formación.
Las universidades continúan en la búsqueda de un modelo que combine la inclusión y la participación estudiantil con la garantía de calidad en la enseñanza. Las defensorías seguirán desempeñando un papel fundamental en la regulación de estas nuevas dinámicas, asegurando un entorno de aprendizaje equilibrado y justo para ambas partes.